Su recuerdo, su presencia en el día a día de esta Argentina que va en rueditas hacia su destino, siguen poniendo una lágrima en el alma de este escriba. Estuvo en la emoción de tantos que se congregaron hoy en la Plaza de Mayo, también en esa escultura que acompañamos hasta allí. Está en esas fotos que lo muestran sonrisa abierta, las cejas altas y desafiantes, el semblante alegre; está en cientos de banderas, en la evocación, como emblema y referencia de una nueva Argentina que ahora sí contiene a los que necesitan, que ahora sí tiene en cuenta a sus hijos.
Somos contemporáneos de ese muchacho, amigas, amigos, que ya está en nuestro venero. Y debemos celebrar esa circunstancia de vivir en el mismo tiempo que el tipo que nos salvó del abismo, que rompió la inercia maléfica que nos llevaba hacia allí. Estamos en la era de un tipo que contra todo diagnóstico y pronóstico decidió concluir una revolución pendiente; estamos sintonizados con ese adelantado a su tiempo que tuvo que hacer ese movimiento supremo y definitivo para que pudiéramos alcanzarlo en su vuelo. Suertudos nosotros, contemporáneos de una dimensión humana superlativa, del giro copernicano que puso a la Argentina patas arriba para devolverla a la realidad, a su necesidad concreta, a su eje, al sendero de su destino.
A pesar de la cercanía podemos ver en perspectiva su grandeza, la trascendencia de sus actos, la cisura que produjo su irrupción en nuestras vidas. Pero ¿qué hizo, qué trebejos movió para que pasemos de perdedores a ganadores; ¿que puertas abrió que se refrescó el ambiente?, ¿qué cortinas corrió para que volviésemos a ver nuestra imagen sin veladuras en el espejo y el paisaje de la vida raudo corriendo a nuestro lado?
LA PUERTA GRANDE DE LA HISTORIA
Y… Es que el Flaco volvió a la idea de un estado solidario, que controlara al capital, que beneficiara al empresario y al trabajador y cortó el ciclo de fracaso al que parecíamos atados en una pulseada sevillana. Hubo una opción ética, una definición social, una decisión de ser parcial, de señalar la llaga y proporcionar el ungüento sanador; de agitar la engañosa paz de los cementerios para cambiar las cosas. No se puede hacer una tortilla sin antes romper unos huevos, decía el General, es la única manera de profundizar para el lado de la igualdad, de cambiar la frustración por una vida más justa para todos los argentinos.
El movimiento comenzó con Néstor, sigue con Cristina, pero ¡atención!, es posible porque hay y hubo un trasfondo, un coro, una masa pensante, creativa, creadora, multiplicadora, que de sueños traicionados y años de derrota hizo una fe. Caro el precio que paga el pueblo para seguir andando hacia su realización. Perder a sus mejores hijos para que se cumpla lo que indica el suceder.
“Estamos revirtiendo la situación, vamos a entrar a la historia por la puerta grande”, lo escuchamos decir alguna vez. Es una frase que puedo haber dicho cualquiera. Que seguramente fue pronunciada mil veces por charlatanes que defraudaron al pueblo, que en otro contexto y puesta en otra boca no expresaba nada. Una frase que no significó nada durante mucho tiempo, pero que dicha por Néstor se hizo verdad, cobró verosimilitud.
Porque entre otros servicios que Néstor hizo a la Patria estuvo el de devolverle el valor y credibilidad a las palabras. Les devolvió frescura porque las honró, les otorgó su antigua connotación. Y además volvió a poner palabras en boca de todos. Patria, por ejemplo, que se la robó a la derecha, que se la había apropiado, y ahora suena genuina y refundada en boca de la presidenta, de Gabriel Mariotto, de Boudou. Otras palabras: militancia, historia, política, hermandad latinoamericana, producto bruto interno, inclusión… todas con un sentido profundo, colectivo, luminoso.
NÉSTOR CONTRA LOS FALLIDOS
Su irrupción conmovió a una sociedad abroquelada en su pequeñez, golpeada, confundida, enajenada, enloquecida, embrutecida, que solo atinaba a mirarse en los espejos deformantes que le ofrecieron sus enemigos desde siempre; una sociedad que se percibía a sí misma incrédula, escéptica, individualista, ombligusita, apática, condenada. Pero en vida y con su muerte, el Flaco peleador, setentista, con coraje, con aquellos valores que nunca prescribieron, le quitó el velo, las telarañas, la confusión, el delirio. Y la hizo volver a creer. A creer. Con esa fuerza de su corazón expuesto, entregado a la multitud.
Y eso que era un tipo común, de barrio, de tablón, de esquina y café. O tal vez por eso fue capaz de asumir esas responsabilidades extraordinarias y convertirse en un estadista, que dejó un pueblo de pie, un continente unido, casi liberado de las garras del poder financiero internacional.
Néstor murió el día que estábamos haciendo el racconto de nosotros, para saber cuántos éramos y cómo estábamos. Murió el día que estábamos dando un paso más hacia el autoconocimiento. Su sacrificio nos conminó a él, nos obligó, nos empujó a seguir indagando cada vez más profundamente en nosotros, en un psicoanálisis bien a la argentina para entender el porqué y así destrabar del ciclo de fallidos a repetición al que fuimos empujados.
Y ahí están los juicios por la causa ESMA, que alejan la posibilidad de recaída en el espanto; que honran ese juramento de verdad, justicia, memoria que avienta lo siniestro. Juicios que ese Flaco armado de una decisión y una creencia, puso en el medio de la lid. Por un mandato y una convicción que no dejó en la puerta de ningún lado. Y esos juicios. Y las paritarias. Y las obras de infraestructura, y el desendeudamiento, y la recuperación de la dignidad de los laburantes y en No al Alca y la UNASUR, y tantos otros logros que fueron triunfos de este caballero de la Cruz del Sur, empujado por pamperos; franco hasta el paroxismo, honesto como sus mocasines y su saco cruzado, Amplio y profundo como su mirada doble, que con un ojo sabía mirar de cerca y con otro que enfocaba más allá. Y ese hígado inclaudicable de nuevo Prometeo, que volvió a cumplir la titánica tarea de robarle el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, para hacerlos responsables, independientes, solidarios, artífices de su destino.
Flaco nuestro que tenés un escudero en cada uno de los que te queremos bien, que nos dejaste una tarea, una manera de hacerla y una conductora para que nos guíe a su realización.
LA IRRUPCIÓN IMPREVISTA
Desde aquel día de 2003 en que se hizo virtualmente presidente por abandono, Néstor y su fratelanza cada vez más numerosa se fueron colando en los recintos claves de las decisiones políticas. Y empezaron a fruncir el ceño los mastines que resguardaban los privilegios; a murmurar los satisfechos, distraídos en contar el botín; y se dieron vuelta los soberbios, que siempre estuvieron de espaldas a las miseria; y pusieron el grito en el cielo los jurisconsultos de la trampa, los mercachifles de carne humana, los amanuenses que por conveniencia mezclaron tinta con sangre en el desprecio a sus iguales. Pero ya era tarde; aquel espíritu que, creyeron, habían extirpado en el 76, aquella idea que creyeron habían fusilado, enterrado, arrojado al fondo del mar, desaparecido para siempre, emergió… se sacudió el olvido, se hizo carne, se hizo derecho, ganó los huesos y la memoria de una Patria que estaba en la consunción y la vivificó. Le devolvió el ser, la arrebató de la inopia y la situó de nuevo en la historia.
Por eso, esta vez los platos rotos no los garparon los de siempre. La fiesta de unos poquitos no fue anotada en la libreta de los jubilados, los trabajadores activos, los desmunidos y castigados por nada. Con Nestor y Cristina los rehenes eternos del sistema pasaron a ser centro, destino de decisiones que los tenían y tienen en cuenta para bien, sujetos de decisiones políticas que les devolvieron el sol, un poquito de oxígeno, el derecho al descanso, al laburo, al estudio, al asadito, a tener algo, a dejar de mirar las vidrieras sin poder, robados por el gesto insaciable de los miserables, de los avaros, de los codiciosos, de los ricos del Evangelio que jamás pisarán el Reino de los Cielos, porque nunca pasará un camello por el ojo de una aguja y nunca sudarán lo suficiente lo malhabido; los ricos que no nos dejaron ni el mantel ni la sábana, donde pellizcar las migas del último mendrugo ni dejar impregnado el perfume del amor.
Por Néstor y su noble y leal consorte. Por Néstor y una revivida y vivificada hueste, de jóvenes y veteranos, de peronios y no, de zurdos y viejos nacionales, de argentos de todo pelaje y marca, esta vez les toca desprenderse a los poderosos, para que todos, también ellos, vivamos mejor. Ellos que supieron blindarse con armas, con pantallas, con tapas de diarios, con amigos de afuera que metían miedo, en complicidad con los peores del universo, hoy deben dejar de lado su egoísmo. Y devolverle al pueblo lo choreado.
Por primera vez, los que tienen menos de 55, los que no vivieron ni un día los felices días de la primera experiencia peronista, son parte de un tiempo que les juega a favor, que les deja rédito y crédito y no un gusto amargo en la boca; un tiempo que les da herramientas y no que les cercena posibilidades; que legisla a favor de producir, crear, repartir, restituir, componer y no para tapar la impunidad.
Néstor es la continuidad el peronismo que revive a pesar de las traiciones, las afrentas, las derrotas, y esa nueva definición política que lleva su apellido como una continuidad de tantos ayeres, desde Tupac Amaru, tupacamaristas; por Moreno, morenistas; Por don Manuel belgranianos, desde San Martín, sanmartinianos; por Don Juan Manuel, rosistas; yrigoyenistas, por el Peludo; incorregibles con el General; kirchneristas con Néstor y Cristina.
LOS MANDATOS DEL MARTIN FIERRO
Néstor es el héroe que viene a dar respuesta a las tres consignas planteadas en el Martín Fierro por el gran profeta de la nacionalidad que es José Hernández. Son las consignas de cumplimiento imprescindible, para la redención de los hijos de esta tierra. Para que la tierra ubérrima derrame los dones en sus hijos y se cumpla el mandato de la argentinidad. Hernández es junto con su hermano uno de los promotores del proteccionismo económico y la industrialización del país. Es decir, de la independencia, la soberanía, la libertad en su rasgo más explícito y concreto. Que además supo expresar poéticamente. Recordemos al Martín Fierro, que dice allá por el final de la Vuelta:
Es el pobre en su horfandá
de la fortuna el desecho,
porque naides toma a pechos
el defender a su raza.
Debe el gaucho tener casa,
escuela, iglesia y derechos.
Es la primera de esas consignas el reclamo del gaucho, y es a la vez la propuesta de un político, de un genuino representante del pueblo como lo fue Hernández: senador, diputado, revolucionario, hombre de pluma y espada. También deja asentado como mandato el camino para conseguir esos derechos. Es en otra estrofa:
Mas Dios ha de permitir
que esto llegue a mejorar,
pero se ha de recordar,
para hacer bien el trabajo,
que el fuego pa calentar
debe ir siempre por abajo.
Por abajo, desde abajo. De donde sale la voz del pueblo, el mandato a sus líderes, que deben mandar obedeciendo. Y finalmente dejaba consignado lo que necesitaban los criollos a nivel de conducción para alcanzar ese bienestar, ese grado de justicia. Permítanme recordar esta otra estrofa manuscrita con pluma de ánsar y tinta espesa en aquel Hotel Argentino frente a la Casa de Gobierno, donde estaba José Hernández escribiendo su obra, escondido, perseguido por el presidente que estaba justo enfrente…
Y dejo rodar la bola
que algún día se ha'e parar;
tiene el gaucho que aguantar
hasta que lo trague el hoyo
o hasta que venga algún criollo
en esta tierra a mandar.
Néstor Kirchner vino a resolver esos acertijos cruciales, a dar fe de esos mandatos, a cumplir esas consignas. Néstor K es ese criollo que respondió reclamos, que suscitó y escuchó la voz del pueblo, porque sabía que “el fuego pa calentar/ debe ir siempre por abajo…”, como pedía el poeta de la política José Hernández.
A UN AÑO...
A un año de su inmanencia, de su trascendencia, de su sacrificio, de su entrada en el aun, en el todavía, en el siempre, ahí anda el Flaco nuestro, sonriente, con su cuaderno en la mano, con el mechón sobre el ojo derecho, la corbata suelta y la camisa arremangada, discutiendo una lista, peleando cada voto, incordiando a las patronales, desnudando a Clarín y a todos los poderes espurios de la Argentina; con chistes, con números en la mano, con política, por la justicia, en nombre de una nueva historia. Néstor, entreverado por siempre en nuestra vida.
Es imposible no extrañarlo......
ResponderSuprimirUn abrazo.
Lo extraño de verdá. Un abrazo
ResponderSuprimirAmigo Osvaldo, preciosa entrada. Todo un elogio a sus valores, en lo humano, como persona y en lo social, como servicio de quien unido al grupo supo modificar todo el mecanismo. Una sola cosa será tenida en cuenta para cualquiera y es la obra bien hecha.
ResponderSuprimirMe alegrará que vuestro triunfo sea duradero y universal.
Un fuerte abrazo.
Hola, Loli amiga. Qué lindo lo que decís y qué alegría que compartas desde allá este triunfo de la vida: Néstor y su obra. Abrazo!
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