CIERTOS VALORES... Mucho se habla en algunos ámbitos intelectuales, y no tanto, del cambio cultural que se está produciendo en la Argentina. Se habla de la remoción de ciertos paradigmas que hicieron fracasar a la sociedad -aunque llenaron los bolsillos de algunos- y de la construcción de un nuevo modo de pensar y hacer las cosas. Y acá estamos de acuerdísimo. Solo que esa nueva Argentina es también vieja como su misma historia. Hay un cambio cultural en desarrollo, que nos ha sacado de esa condena, de esa rueda de frustración en la que dábamos vueltas como ratas de laboratorio, y que nos ha elevado a la consideración mundial. Pero que es un recordar ciertos valores que son los que fundan una ética y una política.
La Argentina hoy llama la atención ya no por el bife de chorizo o la inmensidad de sus pampas o por Maradona, sino por sus logros colectivos. Hablan de nosotros los premios Nobel Stiglitz y Krugman para ponernos como ejemplo de recuperación económica; y porque nuestro ejemplo en bocas de pensadores hasta ayer del establishment los asusta, la calificadora Moodys nos baja un punto la calificación como país confiable, unos piratas los de Moodys, representantes de la banca prestamista, que no quieren que los pueblos se independicen de sus garras. Estamos en la atención del mundo... La Marcó del Pont dijo que la salud del sistema bancario del país está con sus mejores indicadores históricos en cuanto a liquidez, solvencia y morosidad. Los acusó de irresponsabilidad, de falta de profesionalismo de estas calificadoras que están siendo cuestionadas por su corresponsabilidad en la génesis de la crisis financiera internacional…” Eso dijo Marcó. Me tranquiliza. Nos quieren meter en la crisis de prepo… Hablan de nosotros… Hablan de nosotros en la OEA, porque por primera vez en quinientos años de historia americana en la región en general y en nuestro país especialmente, hay crecimiento económico sin reprimarización y con inclusión social.
AQUELLA ANOMALÍA, ÉSTA. Nos miran con admiración estudiantes chilenos que nunca tuvieron educación superior gratuita; reparan en nuestro bienestar españoles, alemanes, norteamericanos, que eligen Buenos Aires para estudiar o trabajar. Ya no somos aquella anomalía que los economistas extranjeros no podían explicarse (recordarán los genios que venían y nos decían: “yo no puedo entender a este país con tanta riqueza y siempre con sobresaltos económicos, mire los japoneses, tan sin nada y cómo están de bien”, ¿se acuerdan?). Hoy somos otra, no de la frustración sino del éxito; una anomalía para los liberales, que no quieren entender que su ortodoxia nos llevó al borde de la tumba. Y la siguen aplicando cada vez más cerca de sus trincheras…
Se están haciendo grandísimos esfuerzos para que creencias inoculadas con la pluma, con la palabra y la espada –y con la tevé, claro- ya dejen de componer el imaginario social. Hoy las consignas de los agoreros están desprestigiadas. Ninguna de sus profecías de desastre, las que emitieron en los ocho años de vida K se convirtió en realidad. A pesar de los poderes que representaban. Hoy, se les ven las costuras, en el país y en el mundo.
No hay que escucharlos. No hay por qué escuchar otra vez a los hacedores de desastres. Están quedando relegadas, al fin, esas ideas que durante años se dieron por buenas pero que eran un bodrio. Por desoírlos hay una Patria como en Navidad. Ahora, ahí. Y otra en defunción. Marechal dixit.
AHORA ES EL ESTADO. Hay una pelea de fondo entre quienes fabricaron y se apropiaron durante años del sentido común de la sociedad, guiados por sus intereses económicos, y aquellos que nos oponemos a esa concepción de factoría, amoral, de la existencia. Ya sabemos qué ocurre cuando las fuerzas del mercado funcionan a su antojo. Por eso, ahora es el Estado, es la Ley y en democracia, como se dirimen las diferencias y se hacen valer las ideas. Y gana el que favorece a sus mandantes, no el que los garca. Ahí está el misterio del nuevo poder, que parece ser el de un pueblo con la frente despejada, cada vez mejor plantado y alimentado, mejor educado e informado, con un capital para hacer valer, con su mundo simbólico en estado de revelación, con un ecumenismo tal que se hace Nación.
Es la nueva Argentina, en la que dos palabras ocupan la centralidad de la escena: “trabajo” y “educación”. Vienen de ayer esas palabras; de anhelos antiguos, de viejas conquistas, de tiempos en que también otra palabra: felicidad, sonaba en boca de gobernantes más como conquista que como deseo. De aquella cultura nace esta nueva cultura. Hoy el trabajo y la educación son la principal preocupación de un gobierno que las hace políticas de Estado Y que por eso recibió validación el otro día. Histórica.
Es la nueva Argentina que también quiere recuperar y reconocer rasgos propios, que le fueron ocultados de manera interesada por los que la querían blanca, liberal, huerta de poderosos y yermo de ignorancia y ayuno para sus hijos. Que hoy sea plataforma para el desarrollo de cada vez más gente y no solo de algunos privilegiados, es la confirmación del cambio cultural al que aludimos.
LA TRADICIÓN TRANSFORMADORA. El proyecto nacional -que es realidad en marcha- fue el que motorizó o encauzó algunas fuerzas de ese cambio que solo podía operarse con un modelo de crecimiento con inclusión, como el que viene desde 2003. La transformación cultural que vivimos es comparable a la que provocó el voto masculino universal con Yrigoyen, un hito hacia la igualdad política; y con la igualdad social de los trabajadores en tiempos de Perón. Ligada está con esas tradiciones. Con ambos gobernantes los tabúes y las prácticas elitistas de la política y la sociedad se rompieron y se instauraron un nuevo actor social y una nueva realidad. Algo parecido hoy…
Y aquí aparece otra palabra clave: futuro. Porque era de imperiosa necesidad que la palabra futuro dejara de ser una apelación vacía, la bastarda cifra de un engaño, para ser algo cierto: lo esperable, lo inexorable, el resultado de lo hecho, cierta parte del plan… No es lo mismo el barro de incumplidas promesas que dejaron a su paso Menem, Duhalde, De la Rúa, que esta senda abierta y asfaltada a fuerza de trabajo, educación y perseverancia. Y eso es un cambio cultural, claro está.
Hoy existe una cultura política recuperada, poderosa, que rompe cualquier corsé, que no queda cristalizada y entonces invade otras áreas, como programas de tevé a lo Jorge Rial y ámbitos parecidos donde reinan lo trivial, los cuernos, las agachadas y las desnudeces. Pues son ellos los que ahora dan noticias de Alfano y Massera y la apropiación de bienes de desaparecidos. Y no es la frivolización de la política, es que la memoria pincha hasta sangrar, como dice Gieco, y sangra por donde corresponde. La realidad desborda y la verdad ocultada puede aparecer en cualquier segmento del ágora que a veces son los programas de tevé. Ese es el cambio cultural del que hablamos.
LO QUIERAN O NO. Hoy existe un gobierno que no se rindió ante los poderosos y que supo mantener las convicciones firmes, algo que le sirvió también para alejar el intento desestebilizador de 2008, que puso en marchas las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias para mejorar la participación democrática, y vaya si lo logró: la mayor participación histórica de votantes… hoy se cuenta una historia diferente de la liberal-mitrista, que formó generaciones, y en la que Moreno, Castelli, Dorrego, Rosas, la Batalla de Obligado, el estatuto del Peón Rural o la Universidad Libre y Gratuita de Perón resultaban oprobiosas malas palabras. Hoy hay un Estado activo, que lleva adelante una enérgica lucha por la inclusión social. Hoy existe el matrimonio igualitario. Ya no se puede concebir la vida sin ese logro, ni tampoco sin seguir juzgando a los genocidas que cometieron crímenes de lesa humanidad. Hoy hay una ley que impulsa la apertura de medios de comunicación, como parte de la defensa de la inclusión y la soberanía –en Misiones donde se puso una antena para Tevé digital el otro día, y la tevé va a servir para argentinizar, alfabetizar, porque llevar nuestra cultura e ideas, a regiones donde se habla portugués aunque sea tierra argentina porque los medios no llegan-. Hoy hay un retorno de los jóvenes a la política. Caracho si no hay un cambio…
Por ahí está el cambio cultural. No es lo mismo una historia refrita en mil cocciones y contada por los que impusieron a sangre y fuego un concepto de país vulnerable, dependiente, permeable, para provecho de una élite, que celebrar el Día de la Soberanía, por ejemplo. Como no es lo mismo vivir pendiente de un presente reinventado y repetido hasta la náusea en las pantallas de tevé del monopolio que tener Televisión Digital Terrestre. Se entregó el decodificador 600.000. Se levantaron tres nuevas antenas: en Aristóbulo del Valle, Misiones, en Río Gallegos, Santa Cruz, en Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe. Medio país ya puede ver tevé digital provista por el Estado gratis. Falta la otra mitad, para fin del año que viene será. Contra nadie, por todos los argentos que no acceden al derecho de la información, la diversión, la educación. El programa que hacemos es parte de esa batalla. Todos los programas del mundo lo son, lo expresen, lo sepan, lo reconozcan, lo ignoren, lo quieran o no.
Y al cambio cultural encima hay que limpiarlo de malas vibras, porque no fueron pocos los que quisieron hacer un cambio cultural y en nombre de de ello solo enrejaron estatuas, o inauguran pistas de patinaje sobre hielo, o sacaron mimos a la calle… así como hubo quienes, más drásticos, quemaron libros, prohibieron canciones y desaparecieron escritores. Hay que sacarle las manchas que le dejaron los que apelaron a él en vano, los que dejaron tareas mal pensadas a medio hacer.
LA EDUCACIÓN Y EL CAMBIO. Cultura, al fin, es el modus operandi de una sociedad, los modos de hacer que adopta según su contexto, su evolución y los problemas reales o simbólicos que enfrenta. Y los símbolos que uno va creando para que esa sociedad camine según creencia y voluntad son cultura, sentido, movidas, tomas de posición, tendencias, políticas, posibilidades, discusiones planteadas… La batalla cultural. ¿Será por eso que volvemos a ser Faro de América, localidad privilegiada donde muchos eligen trabajar y estudiar. O sea vivir, o sea buscar la felicidad?
Hoy la Argentina, con sus 47 universidades públicas y sus 46 privadas, es un polo educativo mundial, que recibe alumnos hasta de Brasil, España o Norteamérica. Para el año que viene se espera que se congreguen unos 90.000 estudiantes nacidos fuera de las fronteras nacionales. Recordemos que en el país hay 1.700.000 estudiantes universitarios.
La educación universitaria, y hoy con el caso de Chile a la mano resalta más, no es un bien de consumo sino un derecho. Es un modelo que tiene como antecedentes la reforma del 18, la mejor tradición democrática del radicalismo yrigoyenista; la decisión de Perón de suprimir los aranceles universitarios del 20 de junio del 49, el tercer momento de relevancia en la historia es éste; es éste cuando se le destinan 13 mil millones de pesos, el 1 por ciento del PBI. Ahora hay universidades en medio de barriadas pobres, en Florencio Varela, en Moreno, San Martín, Tres de Febrero, en Lanús, y por eso hay cada vez más chicos que concurren y que son primera generación de estudiantes. Una nueva cultura, o una cultura remozada, recuperada de nuestras mejores cepas. Antiguas como la misma existencia de la Nación.
Estudio, estudio y laburo. Hoy la Argentina, tiene un 7,3% de desempleo. Una cifra que hay que seguir bajando, pero, ¡qué diferente de aquel 24 por ciento que había en 2002! Y el sábado terminaron las negociaciones entre patronales, centrales obreras y el Gobierno en el Consejo del Salario. Encuentro ejemplar. Se acordó un aumento del 25% y nuevo salario mínimo de 2.300 pesos. “Este es el mejor salario mínimo vital y móvil de América latina, tanto en monto como en poder adquisitivo”. dijo la Presidenta.
OTRA VEZ EL FUTURO. Pero es más que eso lo que ocurrió, como también dijo Ella: “Por primera vez estamos pensando un país a largo plazo”. Laburantes, empresarios, Gobierno. El Hugo “blanco” y el Hugo “negro” en coincidencia. Ocho años de negociaciones colectivas. ¿Qué argumentos puede esgrimir la calificadora Moodys después de este acuerdo, que es central para la gobernabilidad? El mundo de las finanzas fustiga, golpea, cuando el estado, el capital y el trabajo armonizan y queda fuera de juego. Si no me equivoco, eso es lo que pregonaba el General Perón.
En todos los órdenes se verifica el cambio cultural, ese regreso hacia lo que siempre quisimos, lo que alguna vez se esbozó… también en el orden político se han modificado creencias, ideales, normas y aun las tradiciones que dan significado al pensamiento y gobiernan la acción. Así, el país moribundo, rapiñador, producto del egoísmo, el de la vieja política, es derrotado por una cultura en obra, en acto. Y eso hace que sean tratados temas antes ignorados, como el matrimonio igualitario o la ley de medios. Es la cultura la que impulsa la realización de Tecnópolis, que en otras condiciones, con un país como el del 1990, o el de 1995, o el de 2001, hubiera sido sido un fracaso. La Argentina deprimida, endeudada, viciada y vaciada de 2001, sin trabajo y sin fe, no podía hacer Tecnópolis, por muchas razones, pero principalmente porque no la podía imaginar.
LA QUE LLEVA LA ANTORCHA. Entonces, aventuro, es esta nueva y antigua cultura la que gana 50,1 a 12,6%; es tener una historia real y no imaginaria la que gana 50,1 a 12,7; es la irrupción de la realidad por sobre su deformación la que gana 50,1 a 10 y piquito; es la novedad de reconocernos en una nueva originalidad, de que todos estemos dentro de un plan la que gana 50,1 a 3,5. A la mezquindad, al ajuste, al enfriamiento de la economía, a los grupos financieros, a la gran prensa, a lo mismo de ayer, a los mediocres que se definen solo como oposición, a los que siguen queriendo arreglar las cosas con el chumbo arriba de la mesa, a todos por separado, y a todos juntos más el Grupo Clarín se le ganó el otro día.
Lo dijo Cristina: estamos en un maratón. Ahí adelante va ella, antorcha en mano, y nosotros, detrás, al lado, a su alrededor, haciendo el destino, amigas y amigos, en una carrera por la vida. Por el nuevo país que surge ante nuestros ojos todos los días. Que no es ni una moda, ni un sueño, ni un milagro, ni un invento de nadie: solo la expresión de una nueva cultura tan vieja como la Argentina, hecha de educación y trabajo, fraternal, justa. Precisasmente de donde venimos con esta novedad.
Extraordinario post, Turco!
ResponderSuprimirGracias, cumpa!
ResponderSuprimirNo escribe hace mucho... Se lo extraña, compañero.
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