
UN JOVENCISIMO FITO PAEZ CON LA CAMISETA CANALLA... NUNCA PENSÉ QUE LOS COLORES DE CENTRAL APARECIERAN EN ESTE BLOG, PERO YA VEN. CREO QUE LA COLUMNA DE EL GATO ESCALDADO DE HOY LO AMERITA.
En estos días, la tropa de la derecha produjo un revuelo fenomenal por la columna de Fito Páez publicada el lunes pasado en Página 12. En ella, mostraba su enojo con los ciudadanos que eligieron a Macri en la primera vuelta de las elecciones. La bronca llegó a los dedos ágiles del pianista sin pasar por el cedazo de la reflexión política, digo yo, y rejuntó en una misma sensación de asco y desencanto a los más de 830.016 votantes que apostaron sus fichas por el jefe de gobierno porteño. El tema envejeció, digamos, pero sigue permitiendo algunas observaciones. Al fin y al cabo, El Gato Escaldado es un programa de tango, de historia y de historias.
Páez denostó por tilinga y superficial a la mitad de la población porteña. Razones tiene, pero eso no quiere decir que los votantes en su totalidad sean iguales que el votado y su troupe. Haremos algunos números antes de seguir ocupándonos de lo que dijo el rosarino: Macri no consiguió los votos del 47% del padrón ni por asomo. El padrón de la CABA es de 2.482.868. Por lo que el actual jefe de Gobierno sacó 830.016 votos, o sea casi el 34%, Filmus sacó 489.760 votos, o sea el 20%. 680.579 porteños, o sea el 27 %, no fueron a votar. 22.543 personas votaron en blanco y 14.771 impugnaron el voto. Ni Macri ganó por tanto, ni todo está perdido si se habla con el cantaclaro a la vista. Vi en estos días muchos brazos caídos y muchos rostros derrotados por hacerle caso a los festejantes, que no son pocos, claro, pero tampoco la mayoría. Ni los justifico ni los critico, solo observo y digo que el ánimo es también parte de la política.
El asunto es que los soldaditos acérrimos enemigos del Modelo Argentino que encabeza Cristina y seguimos millones, ni lerdos ni perezosos aprovecharon los dichos de Páez para atacar al gobierno nacional como si el músico fuera miembro del Gabinete: fascistas poniendo caras de buenos, lo tildaron de fascista y, obviamente, de kirchnerista, adjetivo que en boca del elenco estable del Grupo Clarín y sus entenados tiene un fuerte componente de desprecio y descalificación, cuando no es esgrimido como insulto. Y hablo de María O’Donnell, Marcelo Longobardi, Lucho Avilés, Luis Ventura, el pseudo filósofo Alejandro Rozitchner, o los funcionarios macristas Hernán Lombardi y Marcos Peña, entre otros desagradables. La opinión opinable de Páez al ver por la tevé los resultados del domingo pasado, aunque poética, valiente -o temeraria-, es producto la calentura de un tipo bien que ve que las cosas salen mal sin analizar por qué; que da cuenta de sensaciones propias, aunque compartidas por muchos, y que da al fin un diagnóstico equivocado.
Con este tema y otras imposiciones mediáticas antes, como centrar la información en un debate que nunca se hizo, lograron lo que querían: evitar la discusión política, sacarla de escena. Y nosotros caímos como chorlitos en esa red. Con esa astucia y con hacer de la nada un espectáculo y una constante estudiantina, ganaron las elecciones. Pero igual seguiremos usando a Páez como pivote de la columna de hoy.
Tal vez, solo tal vez, si el rosarino en vez de escribir una carta poselectoral carajeando a un electorado satisfecho e individualista, que compró la vacuidad del eslogan “venimos bien”, hubiera participado de otra manera en la campaña a favor del FPV, su intervención en la realidad política ciudadana hubiera sido menos escandalosa pero más productiva. Tal vez… Porque el dolor debidamente encauzado hace a la eficacia de la acción. Cuando no es así, es casi seguro que patea en contra.
Cuando escuché los cómputos finales, la verdá, me eché la culpa a mí por no haber sabido leer correctamente el mapa de esta realidad, y por haber hecho tan poco para que este resultado no ocurriera. Y ahora ya no sé si hacemos a tiempo a levantar el resultado. Habría que hinchar para que voten aquellos que no lo hicieron el otro día –un 28%, un montón- o para que cambien de parecer muchos que fueron por Macri. Eso sí: nada de retirarnos de la cancha en desbandada, como piden interesadamente los miembros del PRO e inclusive algunos de la propia tribuna. Aunque amenace goleada, habrá que salir al field ordenaditos y todos juntos. Porque jugadores sobran. ¿O es que alguien imagina que su equipo no salga a jugar el segundo tiempo porque se fue al vestuario perdiendo 3 a 0? Ni al más descorazonado de los hinchas le escuché una barbaridad como ésa. A menos que el opinador no sea hincha… y entonces que vaya a decir giladas a la tribuna de enfrente.
Pero hay que tener compromiso, convicción, pelotas; hay que tener vergüenza, querer a la camiseta. Y sobre todo organización: no salir a pegar a destiempo y sin saber, como esos delanteros que son unos fenómenos en el área contraria pero torpes de toda torpeza cuando llega el momento de defender. No malquiero a Fito. Ni le reclamo nada. O sí: su inocencia y falta de entrenamiento para entrar en un partido en el que se juega no una copa de leche y medallitas de plástico, sino el bienestar o no de casi tres millones de personas.
A todos nos dio bronca ese resultado, pero responsabilizar a los votantes que lo hicieron posible es como largarle los perros al cartero porque trajo la noticia de que la tía Eduviges nos dejó fuera del testamento y eligió a los primos ricos. Es como fajar al enfermo porque está cachuso en lugar de darle los remedios que le hacen falta. En contadas ocasiones un cachetazo espabila, pero las más de las veces te crea enemigos. Porque si tantos compran la ideología de no creer en las ideologías, o la falsedad evidente de hablar pestes de la política desde el lugar central de la política, como es un gobierno –y de eso hacen su fortaleza los funcionarios PRO, de Macri para abajo-, es que no hicimos las cosas bien, o aun falta tiempo para que miles de ciudadanos puedan metabolizar otro mensaje; tiempo para romper el maleficio del individualismo y la desconfianza que tan bien han sabido sembrar y alimentar miles de tapas de diarios; miles de horas de pantalla de TN hechas para confundir y envenenar y no para informar. Igual, por algo desde el PRO insisten, en que Filmus se baje: ¿por qué será? Eso sí, si los nuestros continúan sin bajar línea, vamos fritos, che.
Echarles la culpa a esos 830.016 ciudadanos, electores de una mala copia de Freddy Mercury que hace karaoke, los mismos que suben al bondi con nosotros todos los días, que compran en lo del chino las mismas tonterías que uno; o van al quiosco del Walter Bloise como yo, es como culparse por ser un confundido o un engañado, como hasta no hace mucho, cuando aun no nos habíamos avivado de la inmensa influencia que tienen en nuestras decisiones los medios de información con la desinformación que siembran y el ambiente que eso crea. Porque, para mí, no son tantos los derechistas que a toda conciencia votaron a uno como ellos, tal vez más corrupto y mentiroso, muy bien vendido y envuelto para regalo, eso sí; no son tantos los que saben que Macri es un tipo con un proceso en la justicia penal confirmado por integrar una asociación ilícita de espías; que hizo de la discriminación, la persecución y el abandono de los pobres una bandera, y que solo benefició a los que hacen negocios con él. No todos los votantes se apiolan de que eligieron a un tipo que luego de atacar durante cuatro años al gobierno nacional ahora pone cara de “yo no fui” y se erige en prenda de concordia y paz como si fuera un corderito, aunque bajo esa piel prestada siga estando el lobo.
¿Por qué iban a enterarse si casi nadie les dijo que ese muchachito de ojos claros que fue presidente del club más popular de la Argentina hizo la plancha y se aprovechó de la política económica y social del Gobierno Nacional para no hacer nada en la ciudad?, ¿que la prosperidad general hizo que su desgobierno pasara inadvertido…? Por eso le alcanzó con empapelar la ciudad con su cara optimista y un eslogan estúpido y amarillo para disimular la ausencia de obra pública, de subtes, de casas, de escuelas…
Claro que a Macri lo votaron los que están bien sin necesidad de pensar por qué están bien; los que no usan las escuelas públicas ni los hospitales públicos, ni los medios de transporte público; las paquetas del Barrio Recoleta que odian a Cristina, las tilingas que quieren ser como ellas y los mequetrefes de cualquier lado que quieren pertenecer.
Pero, insisto, fundamentalmente lo votaron aquellos que no saben lo que piensa Macri pero lo conocen porque es conocido; y no porque supieran que contrabandeó autos; lo votaron aquellos que lo conocen porque aparece junto a su mujer embarazada con la Susana Giménez y no porque no cumplió ninguna de las promesas de gobierno; lo votaron porque no hace pensar, ni dice nada complicado y baila entre globos y papelitos de colores como un adolescente y precisamente no habla política, palabra que aprendieron a odiar. La popularidad es un fenómeno del marketing. Estar con el pueblo es otra cosa. Y Páez, un tipo popular, que se ganó el cariño del pueblo por darle alegría y profundidades, debiera saberlo.
Ni asco, ni pena por aquellos que no acompañaron al FPV en la primera vuelta. Ni autoconmiseración ni tremendismo por un resultado que aun no es definitivo, aunque así suene. Trabajo, lucidez, militancia, compromiso, amor propio hacen falta. No todos tienen una segunda oportunidad en la vida para reparar los errores cometidos o para intentar enamorar a alguien. Todavía hay tiempo. ¿No es verdad, Daniel? ¿No es así, Carlos? Estamos esperando las señales que hacen falta.
Y a Fito, que es músico y conocido, y que se jugó, tanto que tal vez nunca más salga una nota suya en los medios enemigos si no canta la palinodia, se me ocurre sugerirle un recital frente al Borda para juntar frazadas y gente y denunciar el frío y la roña a la que están condenados por Macri los internos del hospital, por ejemplo. Y ya que es canalla, aunque antes, de pibito, haya cinchado para Ñuls, quiero recordarle a él y a todos los oyedores, que el 19 de diciembre de 1995, su equipo, Rosario Central dio vuelta en el Gigante de Arroyito un 0-4 en contra que traía de Brasil frente el Atlético Mineiro. Parecía condenado, pero a puro fulbo, coraje y orden táctico le metió 4 a los brasucas, ganó los penales y salió campeón de la Conmebol. Ey, Fito, te lo recuerda este Gato Escaldado leproso y peronista. Que lo único que sabe es que solo la organización vence al tiempo.
OSVALDO TANGIR
EDITORIAL DE EL GATO ESCALDADO (AM750, DOMINGOS DE 8 A 11)
Buenísimo post, Turco. Buenísimo de verdad.
ResponderSuprimirEstoy profundamente apenado por comprobar que las elecciones las ganaron los globitos de colores que Macri ofrece por doquier en todos los rincones de la ciudad. Los globitos que llevan a sus casas los papás con sus niños, sin darse cuenta de que están inflados con aire de individualismo y mala entraña. También estoy profundamente apenado porque sigo esperando señales de Daniel y Carlos: ni quiero pensar que han bajado los brazos, o que les han bajado una líneapara que se presenten a jugar el partido sabiendo que su deber es perder y no dar batalla. Esta última idea me apena muchísimo. Siento algo parecido al sentimiento que te invade cuando te defrauda un gran amigo. Igual, seguiremos ahí. Abrazo enorme, Ova!
ResponderSuprimirGracias por pasar. No afloje, Milani. Abrazo a ambos.
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