domingo 3 de julio de 2011

PEPE ROSA: EL HISTORIADOR DEL PUEBLO


Un 2 de julio de 1991, ayer nomás, moría en Buenos Aires, la misma ciudad donde había visto la luz, el historiador del pueblo, don José María Rosa. Pepe Rosa, uno de los nuestros, que cuestionó como pocos la versión académica y oficial, liberal por cierto, de nuestra historia patria.

José María Rosa, nacido un 20 de agosto de 1906, fue abogado, diplomático, profesor universitario, pero más que todo eso, un historiador vocacional; desde el primer momento, uno de los más nítidos representantes de la escuela revisionista y un divulgador excepcional de nuestro pasado tamizado por su inteligencia y compromiso nacional. Fue uno de esos raros intelectuales que supo quebrar el mandato de la sangre oligárquica que corría por sus venas para escuchar la voz de la tierra y la del pueblo hasta hacerse carne en la experiencia peronista. Que lo expuso al riesgo de ser fusilado durante la rebelión encabezada por Juan José Valle en 1956, y a la realidad del exilio en el Uruguay y en España, donde estuvo hasta 1958. En la lejanía completaría su formación que lo convirtió en los 60 y 70 en el referente histórico de generaciones de criollos.

Hasta el fin de sus días, el Maestro, que ayudó a ser visible esa Argentina invisible para muchos aun hoy, continuó entregándose en cuerpo y alma a la causa de la felicidad del pueblo y la independencia de la Patria. Así, ya viejo, no vaciló en los aciagos días de la dictadura en dirigir Línea, “la voz de los que no tienen voz”, una revista cuya lectura esperábamos regularmente muchos, sobre todo los que luchaban contra el desaliento que imponía el discurso único y la muerte.

Ahí están sus obras: El cóndor ciego; Artigas, prócer de la nacionalidad; La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, y su impresionante e indispensable Historia Argentina, todas ellas nos siguen dando el mejor testimonio de nosotros y de nuestro ayer.

"Somos una colonia material porque hemos sido colonizados espiritualmente", supo decir con claridad meridiana este hombre nuestro. Y recordemos estas palabras, porque el trabajo aun no ha concluido y porque nos ayudarán en la tarea de seguir liberándonos de las cadenas mentales que aun nublan el entendimiento de muchos compatriotas…

El Pepe Rosa no es historia, amigos, vive en su obra que continúa avivándonos, aventando engaños y haciéndonos más argentinos.

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