
ENTRE LOS HECHOS Y LAS PALABRAS - Parte I
Con una nitidez pocas veces vista en nuestra historia, este tiempo que vivimos nos pone frente a dos opciones ideológicas enfrentadas e inconciliables: la que quiere la Argentina para los argentinos, y la que quiere entregar la Argentina a las veleidades y exigencias de los mercados sin patria y a los poderes neocoloniales. También nos permite hacer una comprobación irrefutable: la diferencia existente entre lo ilusorio y la realidad, entre lo tangible y lo no concretado. Entre los hechos y las palabras…
Por ejemplo, el Gobierno Nacional, no para de hacer obras que apuntan a que todos los habitantes del país, sin exclusión, hayan nacido en la Argentina o no, estén dentro de los parámetros de un bienestar posible, contenidos en derechos cada vez más amplios; sean sujetos de políticas de Estado tendientes a la igualdad de oportunidades, de realización.
Ahí está la línea precisa que traza la Presidenta, cuando afirma con realidades a la vista, como la griega, que los planes de ajuste son un remedio que mata al enfermo. Lo dice hacia adentro y hacia el mundo. Acá hablamos largamente de algunos logros de Néstor y Cristina, como la Asignación Universal por Hijo y la recuperación de la jubilación de manos privadas, implementadas por el ministro y candidato a vicepresidente de la Nación Amado Boudou; de la creación de fuentes de trabajo y la creación de más de 5 millones de puestos, más la recuperación del trabajo en blanco, temas en los que trabajó incansablemente el ministro Carlos Tomada, hoy candidato a vicejefe de Gobierno; hablamos también del vuelco cualitativo y cuantitativo que significa el 6,5 % del presupuesto destinado a la educación y la repatriación de científicos, temas motorizados por el actual senador y candidato a Jefe de Gobierno Daniel Filmus; de la política de derechos humanos de memoria, verdad y justicia, que representa el primer candidato a diputado a la ciudad Juan Cabandié; también de la política cambiaria y monetaria del Banco Central que apunta a fomentar la producción, y que motoriza Mercedes Marcó del Pont. Y eso por haber rechazado las recetas que hoy aplica el poder financiero a Grecia, España, etc, y dar lugar al pensamiento propio, heterodoxo, como se dice…
En estos días han ocurrido hechos auspiciosos también, como la promulgación de las modificaciones de la Ley de Quiebras que hizo la Jefa de Estado -que, entre otras cosas, le otorga a los trabajadores de las empresas recuperadas un mayor poder de decisión y les permite adquirir una empresa aunque la cooperativa creada para tal fin estuviera todavía en formación. También la inauguración de un tramo del gasoducto internacional Juana Azurduy entre Bolivia y la Argentina, que permitirá recibir los 27 millones de m3 diarios de gas necesarios para abastecer el norte del país. A 3 millones y medio de compatriotas que habían quedado fuera del sistema cuando privatizaron la red en los 90. Todo un símbolo… Un gobierno a favor de la gente, de pro, como se podría haber dicho en buen castizo si esa expresión no hubiera sido mancillada por los que se apropiaron de ella para hacer algo retro.
Y ahí están también en funciones ejecutivas en esta maltratada Buenos Aires los que no paran de farfullar, de balbucear para tapar con palabras las omisiones, los vacíos, las carencias, las cosas sin hacer; la ausencia de hechos de pro, a favor del ciudadano porteño. Muchas cosas, todas las prometidas, por lo menos. Se adueñaron de la expresión pro para tergiversar su sentido. Para dejarnos entrampados en esa neblina de excusas que separa lo realizado y lo que quedó en promesas; que empasta la comprensión entre lo que es la mentira y lo que significa la verdad.
Cuando las palabras se empeñan en deformar lo evidente, son los hechos los que ponen en evidencia la verdad. Pero los hechos muchas veces no alcanzan. No alcanzan. Porque los hechos, parece mentira, pueden ser ocultados por la palabras. ¿Cómo puede ser? Y puede ser, claro que puede ser. Las palabras son herramienta humana, y tanto sirven para un barrido como para un fregado, según en manos de quien caigan.
Un ejemplo: durante décadas, el hecho más criminal de la historia contemporánea, el bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955 –que se cobró cientos de muertos y miles de heridos- quedó ocultado y prácticamente desconocido y borrado de la memoria, suplantado, obturado por el incendio de las iglesias, hecho supuestamente cometido por la barbarie peronista. Crecí escuchando eso, en la escuela y aun en mi casa, que era un hogar peronista. Tal es el poder de las palabras, o de su contraparte y socio en la oscuridad: el silencio, cuando ambos quedan en manos de los enemigos del pueblo. Y ocurre con sucesos del pasado y también del presente, con cosas contantes y concretas y sólidas e indiscutibles que está ahí, a metros de nosotros.
Hay otras instancias: por ejemplo, cuando no se pueden ocultar ciertos hechos por su trascendencia o elocuencia, se deforman, se minimizan o menoscaban. Se usa para ello la conjunción adversativa: el pero, el sin embargo, en la que son maestros muchos comunicadores, especialmente formados para eso. Se hizo tal cosa, pero… y ahí viene el mazazo capaz de derrumbar simbólicamente las 1030 escuelas hechas en el país en ocho años; o las 500.000 viviendas construidas; o la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; o las paritarias; o los cinco millones de puestos de trabajo creados por esta política… A veces pueden bastardear lo hecho, a veces no… Con la fiesta del Bicentenario no pudieron, por eso fue un punto de inflexión…
Hay que saber que cuando las palabras son manoseadas, ocultadas para que lo evidente no sea percibido, las palabras sufren. Se desgastan, se avergüenzan, se vacían de su significado profundo y resbalan hacia el abismo de lo incomprensible. Se divorcian del sentido y entonces, claro: mejor no escuchar, para qué si igual se vive, como dice el tango… entonces mejor no darle bola a nada ni a nadie, si todos dicen lo mismo si son todos iguales: ladrones, corruptos, mentirosos… Y eso prende rápido, cuando se instala por todos los medios…
Porque cuando las palabras dejan de ser vehículo de la realidad, el canal privilegiado de los más honestos sentimientos y las más luminosas verdades para encerrarse en sí mismas y caer en la autofagia, en devorarse a sí mismas el sentido… y… pasan a ser apenas el aval de la desconfianza, la autorización del descreimiento; la expresión de la incredulidad. Tanto, tanto que ni los hechos más contundentes y mensurables, aunque nos beneficien, pueden devolverles valor.
Sufren, pobrecitas, las palabras. Como los cristianos o los perros al ser castigados, y entonces se hacen huraños, resentidos, hoscos, agretas. Rechazan las caricias, dejan de creer en la sonrisa… Y con su ensimismamiento y sufrimiento, sufrimos, porque nos quedamos sin… palabras. Sin saber bien por qué, sufrimos nosotros, los que las hacemos circular y reinventamos, y jugamos con ellas y las usamos para el día a día… Para comprar la leche en lo de los chinos, para escribir poemas, para hacer un curriculum; para decirle “te amo” a alguien, para tratar de decirles a los hermanos: ¡Guarda, que te están engrupiendo bien de bute!… O ¡Cree!, ¡creé, que una persona sin una creencia es menos que una persona…
El que gobierna imprime su sello a toda la gestión. Lo hace Cristina y el país hoy es ejemplo en el mundo por su heterodoxia económica, por su política de derechos humanos, por sus funcionarios. También Macri le da su propia impronta. Y los resultados están a la vista. No quiero decir con esto que Montenegro en Justicia y Seguridad, sea igual que Macri, Uno tiene ojos claros, el otro es un poco más robusto, apenas, pero ambos están implicados en la causa por espionaje. El jefe, procesado.
Tampoco es igual a Macri esta mujer María Eugenia Vidal, la candidata a vicejefa, pero su paso por el ministerio de Desarrollo Social habla de su ineptitud para la gestión, algo que los homologa; sin embargo, pasa inadvertida ayudada por el silencio mediático, que tan solo por hace hincapié en la dieta que la hizo bajar quince kilos o en sus gustos musicales. Sin embargo, las políticas que impulsó fueron un rotundo fracaso y representaron un retraso social, y a nivel ideológico, ni hablar. Un par de ejemplos: los paradores para gente en situación de calle, que son un desastre, no solo por el estado en que se encuentran sino por el manoseo de la pobre gente que pernocta ahí, y a pesar de ello están saturados. Otro: el abandono en el que se encuentran las casi 12.000 personas que, precisamente, viven donde no se puede vivir: en la calle. Cuando llegó Macri había 2.000 en esa situación… También fue deplorable su participación en los sucesos del Parque Indoamericano, cuando no pudo solucionar por sus propios medios el problema de su competencia y tuvo que mediar el Ministerio de Seguridad de la Nación. Ahora, encima, su gestión está investigada por la justicia. Por desvío de fondos públicos, 500.000 pesos apenas, hacia el Club 17 de Agosto, usado como refugio en el “Operativo Frío” y cuyo presidente es funcionario: una opereta plagada de irregularidades grosas. Es en este club donde Macri lanzó su campaña de 2007, con una pibita, subido a una tarima para no ensuciarse los botines con el barro, recuerdan. Y la de ahora también. El club fue vaciado de indigentes a los apurones; con globos y papelitos de colores. Y esta vez sin la niñita… Claro que Vidal, embarrada hasta la coronilla, no quiere hablar…
Tampoco es igual que Macri Eugenio Burzaco, Jefe de la Policía Metropolitana pero se le parece en su amor por la mano dura. Burzaco antes fue empleado de la Side –algo que omitió en su curriculum– y, entre otras maravillas, estuvo en 2004/2005 al servicio del ex gobernador de Neuquén Jorge Sobisch, para asesorar a la policía de esa provincia. En esos años, Neuquén se convirtió en la capital de la mano dura, y se registraron 1.040 denuncias por abusos policiales, la mayoría de ellas archivadas. Por no hablar de Néstor Grindetti, ministro de Hacienda de la ciudad, adalid en el tema de las subejecuciones de presupuesto que empecinadamente niegan a pesar de lo que dice el cantaclaro. Y se parece a Macri en que también tiene una causa, ésta por defraudación y cohecho y en la que se lo denuncia por sobreprecios en la construcción de la represa del arroyo Uruguaí, en Corrientes. La obra había sido presupuestada en 80 millones de dólares y terminó costando 300 millones; un detalle apenas.
Qué decir de Esteban Bullrich, un licenciado en Sistemas que, antes de ser nombrado ministro de Educación estuvo vinculado a la exportación de frutas. Eso sí, nunca al frente de un aula ni en la reflexión teórica. Ricardo López Murphy lo acusa de haberle quitado fraudulentamente la conducción del partido. Este Bullrich es el que suspendió la impresión de un manual para uso docente porque contenía “tendencia ideológica”, y es también el que en 2010 ejecutó sólo un 40,36% de las partidas destinadas a infraestructura y mantenimiento de las escuelas. Y así están… en esta gestión llena de excusas que suplantan hechos, de bla bla bla que ensalza las pequeñeces y tapa las grandes soluciones olvidadas, gestión que parece interminable y a la que aun le faltan aun seis meses.
Por ahí la analogía no es la mejor, pero las palabras maltratadas por todos ellos sufren, como padece la pelota cuando cae en los pies de los malos jugadores, que siempre le pegan de puntín, sin códigos ni amor por ella; cuando queda a merced de los periodistas malintencionados, picando en los escritorios de infames dirigentes, reventada en los tejemanejes de intermediarios y sponsors, blasfemada en la gritería y la bestialidad de los mantenidos barrabravas. Pero como dijo el Diego: la pelota no se mancha; y así como la pelota: las palabras tampoco deben ser maculadas.
¿Cómo creerle a un candidato que tuvo su oportunidad de gestionar un distrito rico, pero que hoy parece pobre; pleno de potencialidades pero con un presente que echa pa’tras?
¿Cómo darle cabida nuevamente a un candidato que es como Chirolita, aquel muñeco manejado por un ventrílocuo? ¿O no recuerdan los oyentes cuando en diciembre de 2010 su ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, “iba soplando" al oído del jefe de Gobierno lo que tenía que decir durante un conflicto con los laburantes del subte? Eso fue filmado, ahí está la prueba de la vergüenza. Pero por ahí el oyente no se enteró porque solo dieron cuenta de eso un par de programas. No en Canal 13, ni en TN, que impulsan su candidatura, que le ordenan qué hacer y cómo actuar, por ejemplo, para esquivar un debate en tevé, porque lejos de sus cámaras no hay nadie que le sople lo que tiene que mentir.
¿Cómo creerle a un candidato que ya tuvo la oportunidad de ser Jefe de Gobierno y que en lugar de mejorar la situación de los estudiantes, empuja a la pibada a la deserción escolar? Y pienso en esas escuelas maquilladas con carteles amarillos hacia la calle pero por adentro ruinosas, muchas aun sin calefacción; o en esos chiquitos hijos de hermanos bolivianos o paraguayos o peruanos todavía sin documentos, a los que nos les dan las netbooks que compró en licitación sospechosa brutal con el grupo Clarín.
¿Cómo votar nuevamente a Macri, a quien entra a funcionarle el chip de la discriminación cuando habla de “esa gente que viene a usurpar esta ciudad”; en referencia a esos inmigrantes a los que desprecia? Recordemos cuando dijo que los extranjeros no se podían atender en los hospitales públicos “sin pagar”, en este país que durante décadas recibió inmigrantes como su padre, sin preguntar nada… Discriminación que también se le despierta a la hora de pagar becas y subsidios a los estudiantes más necesitados. Este gobierno de Macri les ha quita el beneficio a 20.000 pibes y a los que no, les hace la vida puta para que puedan cobrarlo. Claro, son los que viven en la parte pobre de la ciudad, los que están acostumbrados al destrato, los que valen menos que los otros que tienen la buena fortuna de no ser cabecitas, hijos de cabecitas; los morochitos que se atreven a querer hacer el secundario contra viento y marea aunque vivan en la villa 31 o salgan todas las matinas por Av Riestra, por la Dellepianne, por los alrededores del Indoamericano hacia esas escuelas donde falta todo… Esos son los que necesitan un empujón hacia adelante. Económico, anímico, sin embargo son los que hacen esas colas interminables que vimos en estos días en el Banco Ciudad de Pompeya o en el de Boedo, un Banco que les achica el horario de los cajeros automáticos, que concentra a los beneficiarios en una sola sucursal, que los maltrata como si fueran a pedir limosna. Les dan un empujón a estos pibes, sí, hacia el margen, hacia el rencor y la frustración.
Creer para ver es uno de los lemas que sostienen este programa. Pero una cosa es creer y otra que nos engañen para que creamos en lo que no existe. Creímos, ya le creímos a esta gente que nos prometió el oro y el moro, pero cuando quisimos ver, no había nada. Ahora, se les pasó la oportunidad. Porque desde 2007 al presente Buenos Aires tuvo un gobierno en que el único hecho concreto fueron las palabras… Las palabras portadoras en mentiras, presas del vacío, manchadas por la contradicción; brutalizadas y bastardeadas hasta la exasperación.
Entonces, ¿cómo creerle a un candidato que miente sobre lo que hizo porque no lo hizo, como esas 13 escuelas que se empeña en decir que construyó, pero no construyó, como quedó demostrado en la justicia, porque son obra de gestiones anteriores, y de las que él apenas cortó la cinta al inaugurarlas? ¿Cómo creerle a este mitómano que sigue diciendo que hizo un hospital en Lugano, cuando solo armó una salita de primeros auxilios?
¿Cómo creerle, por qué creerle, si en los afiches de campaña estratégicamente ubicados en cada boca de subte, afirma: “Inauguramos estación tal de la línea tal”, y eso que afirma es mentira? Y más mentira cuando uno descubre en una tipografía casi imperceptible que se inaugurarán en noviembre, una data que por provenir de donde proviene más se parecen la palabra nunca; y cómo creerle si recordamos que prometió 40 kilómetros de vías subterráneas y sólo hizo 500 metros. Apenas el 1 por ciento.
¿Cómo creerle, por qué confiarle a un paranoico que puso su mayor empeño en crear un cuerpo policial poco menos que inútil hasta hoy, lleno de canas corruptos, y que puso al mando de Jorge Fino Palacios, hoy procesado como él en la misma causa?; ¿Por qué darle crédito si mintió cuando dijo que Palacios le fue recomendado por las embajadas de Estados Unidos y de Israel?… Palacios: un chantajista que participó en el atentado a la Amia, que armó por orden del jefe de gobierno un sistema de espionaje para vichar a ciudadanos y a legisladores.
¿Por qué creerle a un tipo que dice que bajó la mortandad infantil en la ciudad, cuando desde el Observatorio por los Derechos Humanos porteño, se informa que aumentó del 7,3 al 8,1 por mil. Casi un 1 %. Al contrario de lo que ocurre en el resto del país…?
¿Por qué darle más crédito; más vidas al frente de esta ciudad a alguien que elige reprimir en lugar de dialogar, como demostró en el Parque Indoamericano?, un conflicto provocado por sus propios punteros, por su falta de inversión en viviendas, por su propia impericia política; conflicto que costó vidas, vidas por las cuales él y su jefe de gabinete Rodríguez Larreta debieran pagar.
¿Por qué creerle a un protegido de los poderosos, de los medios concentrados y corporativos de la información, con los que hace negocios, oscuros, claro?; Esos son los que se creyeron dueños de la palabras, y por ello del pensamiento, de la historia, del sentir de una sociedad hasta modelarla según sus apetencias. Cuando observo que diarios y canales se preocupan por ocultarle la laya, sus desatinos, sus falta de gestión, cuando le avalan la mentira, cuando no le repreguntan, cuando dejan que se explaye sin atinar, sin querer observarle nada, ¿por qué creerle?
Nadie más lejos de los códigos tradicionales del porteño que el llorón, aquel que le echa la culpa a los demás de sus desaciertos y errores. Que, en realidad, son la lógica consecuencia de su apego a usar al Estado para hacer negociados y de su desapego por la política entendida al servicio del ciudadano. Entonces, ¿Por qué creerle a un tipo que admira a represores; que, aterrado, rehúye con argumentos idiotas la discusión y la confrontación con sus contrincantes políticos?; que no ha cumplido su palabra y ha renegado de su responsabilidad de proteger a los más desvalidos, de darle oportunidad a los menos favorecidos; de integrar, de igualar, obligación de un gobernante…
¿Por qué creer nuevamente en un tipo cuyo eslogan de campaña es expulsivo, y además carente de toda originalidad? Por si no se sabe aun, la frase “sos bienvenido” y la imagen de los triangulitos son calcadas y copiadas de un campaña hecha en Portugal hace apenas un año. ¿Por qué votarlo si, con un presupuesto equivalente al de las grandes ciudades del mundo no supo hacer de esta ciudad una gran ciudad; y solo contribuyó a enquilombarla con sus cambios de mano en las avenidas, con las bicisendas siempre, vacías, con su ausencia de proyectos para reducir el tránsito; con su falta de controles en los boliches, que se cobró vidas (no olvidar Beara)? ¿Por qué si regaló nuestro patrimonio, el tango, para hacerlo patrimonio de la humanidad?
¿Por qué creerle a un jefe de Gobierno -que quiere seguir siéndolo- pero que sistemáticamente ha convertido a la Constitución de la Ciudad en letra muerta. Que no garantizó el derecho a la salud; que no hizo valer el derecho a una vivienda digna, que no promovió ni estimuló la investigación científica, que no puso en marcha ninguna iniciativa económica que sirviera al desarrollo de las personas, que no garantiza la igualdad real de oportunidades a los jóvenes, por más afiches y sonrisas de bienvenida que haya en la ciudad? Todo eso está puesto en palabras en la Constitución de la Ciudad, que Macri no leyó, olvidó o no entendió o directamente ninguneó. Nada de nada se hizo carne en sus habitantes, los que necesitan en verdad que esas palabras tengan su respaldo en el real.
¿Por qué votarlo a él y a su troupe, si hay gente proba y probada para hacer esta tarea que el omitió? Gente de pro en serio, con ganas de laburar, con impulso, con esos valores que reclamamos los porteños de honestidad, transparencia, compromiso?
Si “El gobierno de la Presidenta se puede votar con el bolsillo, con el corazón y con la razón”, como definió Amado Boudou, antes de ayer, al de Macri no le cabe ninguna de estas variables, la verdá. Es que, precisamente, Macri es un hijo dilecto de la ortodoxia neoliberal, la que piensa en ajustes y más ajustes, en endeudarse con grupos financieros foráneos, no en que crezca el mercado interno, ni en crear puestos de trabajo, ni en programas sociales. Vacía los bolsillos del pueblo, atenta contra la razonabilidad ya que llevamos en la piel el fracaso de esas políticas aplicadas a mansalva ayer aquí y hoy en los países europeos, y apuntan al corazón de la gente, no para enamorarla sino para destrozarlo… Estos neoliberales son los que llaman gasto público a la inversión social. Son los que bajaron los sueldos de los empleados públicos y los jubilados. Son los que apagaron las chimeneas de miles de fábricas y dejaron un tendal de desocupación; son los que acallaron el reclamo del pueblo con balas en lugar de dar laburo y abrigo…
Hay que salir de los esquemas tradicionales de pensamiento. Hay que cambiar el lenguaje. Hay que usar las palabras que corresponden… Por eso, amigos y amigas, es hora de ser heterodoxos, como lo es Ella, la Presidenta, y cambiar por gente que ya ha demostrado en la gestión que no hay distancia entre las palabras y los hechos, cuando hay decisión política. Porque en la política el decir y el hacer deben ser una unidad indisoluble. Vamos a sacarnos de encima a esta gente protegida por el palabrerío vaciado de sentido y anclada en el ocultamiento y el engaño; vamos a sacarnos de la mente tanto manoseo que nos ha calado hondo en la conciencia.
Para que nadie se adueñe otra vez de lo que vemos, de lo que pensamos, de lo que necesitamos, queremos o pretendemos escuchar; para volver a dar crédito a lo que dicen realmente las palabras cuando no engañan a los sentidos, cuando rubrican lo que ven los ojos, cuando expresan lo que dicta la razón y lo que manda el corazón. Aquí creemos en eso. Y de creer vivimos; por eso nos acompañan los que nos acompañan y nos critican los que nos critican. El próximo domingo hay elecciones, habrá veda política, por ley, y hablaremos de otras cosas. Por eso les digo hoy: Que triunfen los buenos, amigas y amigos. Para eso hacemos El Gato Escaldado.
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